CONCEPTO Y EVOLUCIÓN
Cuando hablamos de derechos humanos nos referimos a dos ideas
fundamentales. La primera de ellas nos dice que, estos derechos, son los que
buscan la defensa de la dignidad humana y, la segunda, que son los que ponen
límites al poder del Estado.
El concepto que tenemos en la actualidad de los derechos
humanos proviene del siglo XVII tras las revoluciones americana y francesa.
En la Revolución Francesa nacieron los conocidos como “derechos
de la primera generación”, estos son, los derechos formales: derechos civiles y
derechos políticos como la libertad de expresión o el derecho de voto. Con la
llegada del siglo XX surgió la necesidad de añadir a los derechos formales
otros derechos económicos, sociales y culturales debido al movimiento obrero y
la aparición de partidos socialistas. Algunos de estos derechos son el derecho
al trabajo, al alimento o a la educación y conforman la “segunda generación de
derechos humanos”, apoyada por las revoluciones rusa y mexicana.
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| La Libertad guiando al pueblo, Eugène Delacroix (1830). |
La nueva generación de derechos contará
con la novedad de reivindicar la intervención del Estado para proteger y
garantizar tales derechos, como el acceso a la salud, la vivienda, la
educación, trabajo, seguridad social…
Cabe destacar que estas dos categorías o tipos de derechos no
son autónomos sino que una y otra están íntimamente relacionadas: son
indivisibles e interdependientes.
Siguiendo con la evolución de los derechos humanos, es a partir
del año 1945, tras la II Guerra Mundial, cuando comienza la internacionalización
de dichos derechos. Esto significa que no sólo se tratarán a nivel estatal sino
que la comunidad internacional asumirá también competencias en el campo de los
derechos fundamentales. En esta época fue muy importante la labor desempeñada
por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya que elaboró la Carta de las
Naciones Unidas en respuesta a las masacres de la recién acabada guerra y
proclamaron su “fe en los derechos fundamentales”.
Después de discusiones políticas, finalmente, en 1948 fue
aprobada la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea
General de las Naciones Unidas. El problema de esta Declaración residía en que
era una simple recomendación para los estados sin obligación jurídica alguna. Con
el fin de dar una solución se firmaron, en diciembre de 1966, dos pactos aún
hoy vigentes: el “Pacto internacional de derechos civiles y políticos” y el “Pacto
internacional de derechos económicos, sociales y culturales”. Su entrada en
vigor data del año 1976.
Además se observó que, debido a las grandes diferencias entre
estados y comunidades, era más sencillo proteger los derechos si se trataban en
esferas más reducidas, en temas más concretos (derechos de los niños, derechos
de la mujer, prohibición de la tortura…). Por esto se crearon Convenciones
protectoras de sectores específicos.
A partir de los años 70, en vista de las nuevas necesidades,
surgió una “tercera generación de derechos” entre los que se encuentran el Derecho
al Desarrollo, el Derecho a la Paz, el Derecho al Medio Ambiente, el Derecho a Beneficiarse
del Patrimonio Común de la Humanidad o el Derecho a la Asistencia Humanitaria.
El surgimiento de estos nuevos derechos se debe, en gran
medida, al proceso descolonizador de los años 60, el cual dejó al descubierto a
los conocidos como “países en vías de desarrollo” y, también la creciente
globalización que llama a una cooperación entre países para solucionar las
nuevas complicaciones.
Pero esta tercera generación de derechos no está aún del too
reconocida, pues los distintos estados discrepan sobre los derechos que la
conforman. Sólo están realmente reconocidos por la ONU, lo que nos vuelve a
llevar hasta el problema de su valor jurídico.
Debido a que la mayoría de los estados son reacios al
reconocimiento de los derechos de la tercera generación son considerados
derechos humanos “statu nascendi”, es decir, en formación.
En la actualidad, los derechos humanos buscan una comprensión por
parte de todos y la consecución de una concepción universal sin diferencias
entre países, sociedades, ideologías, etc.